Vie. Ene 23rd, 2026
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LA CASA DEL NÚMERO 43

Era la tercera desaparición en menos de una semana. Tres jóvenes, todos vistos por última vez cerca de la casa abandonada del número 43, en el barrio viejo de Santamaría. Nadie quería acercarse, ni siquiera los indigentes. Decían que la casa chupaba la luz. Que los perros no ladraban allí. Que a veces se escuchaban risas… cuando no había nadie.

La capitana Fernanda Robles, junto a los oficiales Salazar y Medina, fueron enviados a investigar. Eran policías curtidos, acostumbrados a cadáveres y narcos, no a leyendas urbanas. Aun así, cuando llegaron frente a la mansión decrépita, los tres sintieron lo mismo: una presión en el pecho… como si el aire no quisiera ser respirado.

—Parece más viva que abandonada —murmuró Medina, encendiendo su linterna.

Entraron.

El interior olía a humedad, madera podrida y algo más… sangre vieja.

Avanzaron por un pasillo cubierto de polvo. Cada paso crujía como si alguien respondiera desde debajo del suelo. Al fondo, una puerta entreabierta dejaba escapar una risa suave… femenina… hipnótica.

—Policía —anunció Fernanda—. Salga con las manos arriba.

Una figura esbelta apareció entre las sombras. Una mujer hermosa, pálida, con un vestido antiguo y ojos del color del vino.

—¿Por qué tanto escándalo, oficiales? ¿Buscan a los chicos?

Antes de que pudieran reaccionar, algo cayó del techo. Una sombra envuelta en piel, uñas y colmillos. Salazar disparó, pero la criatura ya lo había empalado contra la pared. Fernanda gritó, Medina retrocedió con el rostro desencajado.

—¡Vampiros! —gritó él— ¡¡Son reales!!

Fernanda intentó correr, pero la mujer ya estaba frente a ella. Su sonrisa mostraba colmillos de siglos.

—Ustedes vinieron a alimentarnos. Y lo agradecemos.

Medina logró encender una bengala. El fuego iluminó el rostro monstruoso del vampiro varón: ojos vacíos, mandíbula desencajada.

Disparó hasta vaciar el cargador. Luego… nada.

A la mañana siguiente, la casa seguía allí. Silenciosa. Intacta.

Solo el auto policial en la entrada daba testimonio de lo ocurrido. Y dentro, escrita con sangre en el parabrisas, una frase:

«Gracias por la visita. Vuelvan pronto.»

La Sombra de Blackwood | HISTORIA de TERROR de VAMPIROS | Creepypasta VOL. 1

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